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La ruptura con lo cotidiano: El Movimiento del 4% por Juan Luis Corporan

La ruptura con lo cotidiano: El Movimiento del 4%

Badiou en un intento por definir el Movimiento Social lo considera como una acción necesaria para que haya política, pues si no hay movimiento lo que existe es orden. Para él, un acto político es una acción que tiene que ser libre en su forma y en su contenido. Un acto político es algo que crea tiempo (no se baila al ritmo del actor dominante, es el colectivo que decide cuándo) y espacio (es el colectivo que transforma un lugar cualquiera en un lugar político), de forma que es un acto que rompe con los parámetros establecidos por el estatus quo y hasta en ocasiones con nuestro propio estatus quo. Para Baudiou este acto político, como tal, nos da la oportunidad de no ser esclavos de lo que se nos vende que es la política, o sea de aquello que le ha funcionado al afán de acumulación de los que dominan en los últimos tiempos, de esos dueños del mercado y de la democracia representativa. O sea, de ese orden que nos hace objeto.

En tal sentido Badiou coloca dos condiciones para que una acción colectiva sea movimiento social. La primera es que esta acción no esté prevista ni regulada por la potencia o el poder dominante y sus leyes (o sus des-leyes). Se trata pues de una acción que tiene algo imprevisible, es decir, es una acción colectiva que rompe con la repetición.
Y la segunda condición para un movimiento es que proponga hacer un paso más, hacia delante, con respecto a la igualdad. Es decir, si la consigna del movimiento, lo que dice, lo que está proponiendo, va de una manera muy general en el sentido de una mayor igualdad (no mediado por motivaciones egoístas).

Como vemos, para Badiou, una condición necesaria para que haya movimiento es que tiene que haber una idea que nuclee a todos-as. Y esta idea, forzosamente, es algo que va hacia la igualdad y la gente lo percibe como auténtico. Entonces un movimiento, grande o pequeño, es algo que interrumpe el curso común de las cosas, y es algo que propone que vayamos hacia la igualdad. Al menos en un punto determinado.

Entiendo pues que estos son parámetros que nos permitirían evaluar lo acontecido con el fenómeno del 4%, sin pretender ser El movimiento social. Y es que, cuando se dan acciones que nos dimensionan como movimiento somos capaces de perder la identidad como instituciones aisladas, inmolando nuestro nombre por un bien mayor. No es necesario saber quién empezó el movimiento, ni desde cuándo se empezó. Es así como la coalición se convirtió en un grupo de organizaciones y personas articuladas bajo una consigna común que tuvo la magia de nuclear instituciones de diferentes naturalezas y personas de distintos destinos. Consigna que pasa a ser el nombre de la coalición: “4%, lunes amarillo o los de las sombrillas”.

Y es que, a la postre no se sabe qué articuló más si la consigna o la coalición. Lo que sí está claro es que se abandonó el protagonismo, pues lo popular fue la consigna, no la coalición. Es por eso que la coalición siempre tuvo claro que rechazar la consigna era rechazar lo que nos unía. El llamado del Presidente no era más que un ardid (consciente o no) que podía disolver a los articulados y a tanta gente que tomó esta consigna como suya. Seguir ese ardid era regirse por las manecillas del ejecutivo y no por el tic-tac popular.

Entender que la consigna era del pueblo y no del grupo que encendió la llama impidió fraccionar la consigna en números inciertos o seguros que eran engañosos, incoherentes e ininteligibles para la gente. La consigna siguió, pues era más fácil de entender el reclamo que dar excusas: “que se cumpla la ley, que se cumpla la constitución, que se cumplan las promesas de campaña, que se cumplan los planes etc…” La radicalidad de estas peticiones permitió -y vislumbra seguir permitiendo- mantener a las organizaciones y personas unidas. Todos tienen en común lo mismo: 4% del PIB en educación, que este caso es más que el 16% del presupuesto, pero también siempre es más que el movimiento mismo, pues el acontecimiento político es más que esos pedidos y que esas demandas.

Otra característica importante de este movimiento, que concitó el apoyo ciudadano, es que no existía un vocero, sino voceros; pues así son las redes. Son diversas personas o diversas instituciones que se convirtieron en nodos de importancia similares desplegados en diferentes sitios (frente al Congreso, frente al Palacio, en el monumento, en los chachaces, en el parque de las Flores en la Vega, en diversos programas). En diferentes tiempos (en un lunes amarillo, dos meses en la calle, en una bicicleta etc.) Con una misma línea, pues nadie es dueño de la verdad, solo bastó una línea de acción, un documento en común, una consigna, una sombrilla, un color… y sobre todo una constancia.

Se juntaron analistas, el movimiento social los tiene y los hace orgánicos. Es un movimiento ciudadano y allí hay de todo; no lo olvidemos. Abogados, sociólogos, economistas, comunicadores sociales (o de farándula o de lo que sea… muy importantes para la causa), politólogos, psicólogos, ingenieros, estrategas, todos al unísono sobre una causa al aire libre y desplegada en el territorio. Ellos pudieron articular una propuesta coherente e irrebatible en todo momento -hubo propuestas demás, pero no todas salieron a la luz pública- todas emanadas de la experiencia y de análisis técnicos (oficiales o no).

La interdisciplinariedad del movimiento permitió poner a prueba el poder legado por la modernidad en todas sus partes (ejecutivo, judicial y legislativo), los cuales respondieron con trilladas etiquetas que pretenden reducir al pueblo a consumidores y votantes. Se verificó la fuerza que ha adquirido el leviatán y lo inocuo que es el contrato social dominicano. Se le pasó balance también a los partidos políticos, los cuales se suponía debía ser la intermediación entre el movimiento y el Estado. También reprobaron el examen, es allí donde los partidos políticos nos manifestaron que no podían hacer nada porque el ejecutivo decidió que tampoco funciona lo representativo dándonos visos de totalitarismo. Otra vez subordinaron la política al Estado y nos mostraron que su tiempo pasó.

Cada poder juzgó por su condición sin entender lo nuevo que estaba naciendo y a cada uno de los ciudadanos que vestían con camisetas de color estrella se le llamó hasta borregos (y solo faltó adoradores de Belcebú). Las preguntas llovieron de todas partes, tanto de fuera (¿quién les financia? ¿Qué partido está detrás? ¿Por qué ahora?) como de dentro (¿por qué tal instancia no está más visible?, ¿por qué tal institución no tiene un papel más protagónico?, ¿por qué luce fulano y no zutano?, ¿no será que fulano está queriendo sacar ventajas?). Lo nuevo, el nuevo sujeto político, estaba bajo sospecha hasta de entre sus propias entrañas. No fue comprendido ni de dentro, ni de fuera… desbordaba a todos-as.

Pero la mejor acusación dentro de la procesión publicada fue la de “grupo politizado”. La cual cumplía doble función, por un lado de corte moral, legada de la degradación de lo político como forma demoniaca de actuar y por otro de corte conceptual, pues la palabra politizado homologaba al grupo como un competidor en la arena de los desacreditados partidos políticos. ¡Qué pecado! Un grupo que usurpa la función de politizar que este siglo dejó, en términos de Baudiou, a los Partidos Políticos. Bajo esta concepción todo grupo que hace política es porque quiere alcanzar al Estado y, por tanto, no hay otra política posible.

Ahora bien, esta acusación permitió a la Coalición preguntarse si es posible buscar otra forma de hacer política. Las preguntas han llovido: ¿Es posible pensar de otro modo la política sin tener que abordar la matriz dominante de partido-Estado? ¿Es posible hacer política sin pensar en partido o en una organización que aspire al poder? ¿Es posible conseguir lo que buscamos sin tener el poder? Etc.

En tal sentido, el autor citado, al principio del documento, da varias pistas:

Lo primero es que política no es exclusiva de los partidos Políticos, ni del Estado. Más bien es sano recuperar la arena política robada, la cual nos hace votantes y consumidores y no ciudadanos.

Lo segundo es que hacer política sin partido no es ausencia de organización. La política siempre es una actividad colectiva y siempre es, en algún sentido, una acción organizada. Pero una organización que parta no del poder (que detenta el Estado), sino de la debilidad. De aquí se nos convida a pensar en otra idea de lo que es fuerza, de lo que es una fuerza política. Plantea que no tenemos que medir más a esta fuerza con respecto al Estado y sólo con respecto al Estado. Porque esto nos lleva forzosamente al partido y, en última instancia, al partido-Estado. Así nos convida a preguntarnos lo siguiente: ¿cómo hacemos para que dure una posición de debilidad? ¿Cómo hacemos para aceptar que la política pueda ser más débil que el Estado durante un largo período? ¿Cómo evitamos la tentación del poder? Debemos tener en cuenta que esta última es una tentación muy grande, porque es la tentación histórica del ser humano.

A partir de lo planteado anteriormente, el autor habla de la necesidad de construir una fuerza subjetiva (un nuevo sujeto) que esté distante del Estado, el cual es el movimiento. Es la idea de otra relación entre movimiento y política. En la vieja concepción el movimiento era social y el partido era político, y el partido político representaba en la política al movimiento social. Nos llama a cambiar esta concepción y a hablar directamente de la capacidad política de la gente, y de cómo se organiza esta capacidad, con una lógica distinta de la lógica del poder.

Tercer elemento es la construcción del tiempo. Esto, obviamente, implica un tiempo distinto que el tiempo del Estado. Supone que tiene que haber una paciencia distinta. Reemplazar la política impaciente de los partidos por la política paciente de los movimientos. No apresurarse, pues las conquistas de los movimientos sociales son lentas, pero sostenibles. De igual forma, es importante tener en cuenta que no estar en el tiempo dominante implica no estar tampoco en el tiempo de la información periodística. Hay que aprender a existir inclusive en el silencio, porque el tiempo de la información no es el tiempo de la política libre. El tiempo de la información es en sí mismo un tiempo comercial. La política de emancipación no puede estar dentro del tiempo comercial.

Un cuarto elemento es la construcción del espacio. Los lugares oficiales no son los de esta política de emancipación. El movimiento debe elegir lugares políticos que le son propios. Sugiere ir a otro lugar distinto del lugar que nos convidan (cumbres, consejos, diálogos), se debe inventar caminos. Toda decisión colectiva de invención de un trayecto tenemos que confiar en que participa de la invención política.

Esta construcción colectiva del tiempo, es una determinación esencial del sujeto político en la actualidad. “Va a ser larga y difícil esta invención, y eso lo sabemos todos. Pero si somos pacientes y viajeros, vamos a poder hacerlo.”

Juan Luis Corporán

Coordinador, Proceso de Pobreza y Políticas Sociales

Centro de Estudios Sociales P. Juan Montalvo, S.J.

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Acerca de Coalición Educación Digna

La coalición por la educación digna es un esfuerzo de un conjunto de organizaciones y activistas que piden mediante acciones cívicas y pacificas, que se cumpla de una buena vez con la LEY GENERAL DE EDUCACION 66-97, la que establece que el 4% del PIB en el presupuesto nacional sea destinado en inversión a la educación. Con el arma de un paraguas y sombrillas amarillas (el cual usan para cubrirse del sol) en la mano que reza 4% para la educación, un conjunto de organizaciones y activistas iniciaron su cruzada de respeto a la ley, ha esta se han sumado un sin numero de ciudadanos de toda índole que se han vuelto en una avalancha ciudadana. Más Información: Educacióndignard@gmail.com

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